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martes, 11 de junio de 2013

A todos aquellos que quieren "LIBERARNOS"


A todos aquellos que aclaman ser mis "salvadores", mis "liberadores":
¿QUIÉN SE LO PIDIÓ?

Cada vez son más los que hablan y luchan por "la libertad de la mujer musulmana".
Lo curioso es que una inmensa mayoría hacen caso omiso a las opiniones y sentimientos de aquella mujer a la que quieren "liberar"...

¿Liberarme de qué? ¿De mis derechos? ¿De mis elecciones? ¿De mis opiniones? ¿De mis sentimientos?
¿Realmente les importan mis sentimientos o es que no encajo y desentono en la "estampa" de la sociedad? ¿Su lucha es por mi aclamada libertad o es para conseguir que yo me ajuste a sus cánones de belleza? ¿Su indignación es porque creen que me obligan a cubrirme o porque quieren obligarme ustedes a descubrirme?  

Somos nosotras, todas y cada una de las mujeres musulmanas a las que creéis oprimidas, las que tenemos derecho a elegir como vestir y como vivir.

Es elección propia dejar su "liberador" bikini por lo que ustedes ven como mi "cárcel de tela", sí.
Es así como pretendo que de una vez por todas dejen de medir mi inteligencia mediante los cm de mi cintura o midan mis habilidades limitándose a qué tanto partido puedo sacarme con una brocha y una paleta de sombras en mano.

Soy yo quien decide vestir de esta forma tan "denigrante" ante sus ojos, y créanme que lo que realmente denigra la dignidad humana es mostrar la desnudez como si de mercancía se tratase. Porque ese es el interés que realmente se esconde detrás de las aclamadas campañas tipo: "¡LIBEREMOS A LAS POBRES MUSULMANAS DE SUS VELOS!", obtener ganancias utilizándolas siempre como publicidad.

Deberían plantearse antes liberar a las mujeres de la esclavitud en la que se encuentran, me refiero a las esclavas de la moda, de las apariencias, de la 90-60-90.

He vivido de los dos lados, les hablo desde la voz de la experiencia. No nací en Afghanistan o Irán y no necesito de sus campañas, ni tengo por que infundir lastima en sus corazones.

Les habla quien ha vivido sometiéndose a sus cánones de belleza convirtiéndose en esclava de su propio cuerpo y de su apariencia física, para alcanzar la felicidad... Nada más lejos de la realidad, pues a medida que me convertía "más valorada ante los ojos de esta sociedad", más vacía me encontraba por dentro.

Alabo a Allah, Aquel que guió mi corazón y lo sacó de las tinieblas en las que me ahogaba el falso brillo de vuestra "LIBERTAD", para dar paso a la luminosidad de la dignidad y la fe, y hacerme sentir que soy un ser humano con el derecho a ser tratada como tal, que no soy un objeto sexual, ni estoy de escaparate, ni soy propiedad de consumo público: SOY UNA MUJER, con derecho a caminar por las calles sin recibir silvidos como si de un chucho se tratase...o ser perseguida y sentirme acosada. 

En mi velo se encuentra mi libertad, es así de simple. 
Y no espero que lo comprendan, simplemente que lo respeten.

¿Realmente es tan perjudicial mi velo en la sociedad?
¿Por qué no luchan por parar la hyper-sexualización que está sufriendo todo, incluso las muñecas con las que juegan nuestras nuevas generaciones?
¿Infancia?, las niñas quieren ser mujeres, porque desde pequeñas notan que deben transformarse y disfrazarse de barbies-humanas para ser realmente valoradas y aplaudidas entre la multitud. 
Revisemos uno por uno los canales de la TV, rara vez veremos a una chica "poco agraciada o con unos kilitos de más" presentarnos las noticias por mucha formación académica que tenga.

¿Por qué a nadie le preocupa el efecto que pueda tener en el subconsciente de un/a niño/a ir a un kiosko a comprar unos caramelos y ver colgadas revistas pornográficas? 

¿Por qué os preocupa tanto la presencia del niqab (velo facial) en las calles, mientras que en semana santa contempláis fervientes a los penitentes ocultando sus rostros con los capirotes? ¿Eso es maravilloso, cierto? Incluso lágrimas de emoción he visto alguna que otra vez en las procesiones... ¿Es qué acaso creen que yo no siento esa emoción cada vez que me cubro el rostro por voluntad propia y por razón de mayor acercamiento a Dios?
¿Es qué acaso ustedes tienen derecho a sentir y profesar su fe y yo no? 

¿Se dan cuenta de que sus ideas están basadas en una doble moral?

Pido el mismo respeto que ofrezco. No impongo mis ideas a nadie, pero no intenten imponerme las suyas, porque no, gracias, no las quiero.
Déjenme vivir en paz y profesar mi fe, porque con mis prácticas no perjudico a nadie.
El hecho de que oculte mi rostro con el niqab no le supone a nadie ninguna falta de seguridad, porque yo descubro mi rostro y me identifico siempre y cuando la situación lo requiera, y visto así, esa misma "falta de seguridad" podría sentir yo en carnavales. 
Recuerde siempre que SU LIBERTAD TERMINA, DONDE EMPIEZA LA MIA. 

Pues bien, queridos "ACTIVISTAS", les agradezco enormemente su esfuerzo, tiempo y dedicación a la lucha por mis derechos, pero no, no los necesito, YA LOS TENGO.

Permítanme a mí liberarlos de su ignorancia.

Hace más de 1400 años, Allah (Enaltecido y Exaltado Sea), Dios, mandó a Su mensajero, mi amado Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de ALlah sean con él), él sí fue enviado para velar por mis derechos como mujer, y lo hizo. Me valoró como mujer en una época en la que el nacimiento de una niña era considerado una deshonra, y la solución era enterrar a la pequeña con vida...

La Biblia católica lo declara explícitamente:
"El nacimiento de una hija es una pérdida."
(Ecclesiasticus 22:3)

Mientras en el Corán incluso se menciona primero el regalo del nacimiento de una niña:

"De Dios sólo es el dominio sobre los cielos y la tierra. Crea lo que Él quiere: otorga descendencia femenina a quien quiere, y descendencia masculina a quien quiere"

(Sagrado Corán 42:49)


"¿Conservará a esta [niña] a pesar del desprecio [que siente por ella] --o la enterrará en el polvo? ¡Oh, qué perverso es en verdad lo que sea que decidan!"
(Corán, 16:59)

Entre los principales logros en la emancipación de la mujer se encuentra la legislación de 1882, por medio de la cual se decretó, que las mujeres de Gran Bretaña gozarían del privilegio sin precedentes de quedarse con el dinero que ganasen; pues bien, las mujeres musulmanas gozamos de esa "legislación" desde hace más de 1400 años...

Mientras los sabios y filósofos discutían si la mujer tenía alma o no... yo ya era considerada ante ALLAH (Dios), semejante al hombre...

Mientras en la Revolución Industrial se aprovechaban de las mujeres para explotarlas por ser más baratas como trabajadoras que los hombres, yo ya era recompensada y valorada de igual forma ante ALlah (Dios)... 

Dice Allah (Dios, Enaltecido y Exaltado Sea) en el Corán:

"No dejaré que se pierda la labor de ninguno de los que se esfuerzan [por Mi causa], sea hombre o mujer"
(Corán, 3:195)


"Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las que dan limosna, los que y las que ayunan, los castos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Dios".
(Corán, 33:35)

En el Islam, en mi religión, yo no soy considerada maldita por pertenecer al "legado de Eva" o algo por el estilo...
A diferencia de la concepción judeocristiana en la que cuando Dios inquiere a Adam por haber comido del árbol vedado, éste echa la culpa a Eva diciendo: "La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árabol y yo la he comido".

Por consiguiente, Dios dice a Eva: "Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti."

Interesante, ¿no?

Pues bien, la concepción islámica de la primera creación se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:

Y [en cuanto a ti], ¡Oh Adán!, vivid tú y tu mujer en este jardín, y comed de lo que queráis; pero no os acerquéis a este árbol pues seríais malhechores!” (19) Pero entonces Satán les susurró a ambos a fin de hacerles conscientes de su desnudez, de la cual no se habían apercibido [hasta entonces]; y dijo: “Vuestro Sustentador sólo os ha prohibido este árbol no fuera a ser que os volvierais [como] ángeles, o fuerais a vivir eternamente.”  Y les juró: “¡En verdad, soy de los que os desean sinceramente el bien!” --y les sedujo con pensamientos engañosos.Pero tan pronto como hubieron probado ambos [el fruto] del árbol, se volvieron conscientes de su desnudez; y comenzaron a cubrirse con hojas del jardín. Y su Sustentador les llamó: “¿No os prohibí ese árbol y os dije, ‘En verdad, Satán es enemigo declarado vuestro’?” Respondieron ambos: “¡Oh Sustentador nuestro! ¡Hemos sido injustos con nosotros mismos --y a menos que nos concedas Tu perdón y Te apiades de nosotros, estaremos ciertamente perdidos!” [Corán, 7:19:23]

Una mirada cuidadosa sobre los dos relatos de la historia de la Creación, revela algunas diferencias fundamentales. El Corán, contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido.

En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol o ella hubiese comido antes que él. En el Corán, Eva no es tentadora, seductora o engañadora.

Además, Eva no es castigada con sufrimientos durante el embarazo. Dios, de acuerdo con el Corán, no castiga a uno por las faltas de otro. Ambos, Adán y Eva, cometieron un pecado y entonces pidieron perdón a Dios y ÉL los perdonó a los dos.

Echemos un vistazo al Antiguo Testamento y miremos en los textos de la llamada Literatura Sapiencial en donde encontramos:

"Encontré más amarga que la muerte a la mujer enredadora, cuyo corazón es una trampa y cuyas manos son cadenas. El hombre que agrada a Dios debe escapar de ella, pero el pecador en ella habrá de enredarse...mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil, mas no encontré una sola mujer justa entre todas". [Ecclesiastes 7:26-28]

También muy interesante, ¿verdad?

En otro lugar de la Literatura Hebrea, que se encuentra en la Biblia Católica podemos leer: 

"No hay maldad comparable a la maldad de la mujer..."

"El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos nosotros habremos de morir". (Ecclesiasticus 25:19, 24).

Los rabinos judíos registraron nueve maldiciones inflingidas a las mujeres como consecuencia de la Caída: "Él [Dios] concedió a las mujeres nueve maldiciones y la muerte: soportar la sangre de la menstruación y la sangre de la virginidad, la carga del embarazo, la carga del parto y la de criar a los hijos; su cabeza está cubierta como quien está de luto; horada sus orejas como una esclava o joven esclava que sirve a su señor; ella no es tenida nunca por inteligente; y después de todo, muere."

Eva había pecado, induciendo después a Adán a seguir su conducta. Por consiguiente, Dios los expulsó a ambos del Cielo a la Tierra, que habría sido maldita por su causa. Ellos legaron su pecado, que no había sido perdonado por Dios, a todos sus descendientes y, por eso, todos los humanos nacen en pecado. Para purificar a los seres humanos de su 'pecado original', Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado 'el Hijo de Dios'.

Por consiguiente, Eva es responsable de su propio error, del pecado de su marido, del pecado original de toda la humanidad, y de la muerte del 'Hijo de Dios'.

En otras palabras, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como ella y tienen que ser tratadas como tales. Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento:

"La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora".
(I Timoteo 2:11-14)


San Tertuliano es aún más generoso que San Pablo cuando, hablando a sus 'hermanas más queridas' en la fe, dijo:

"¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadisteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotrasdestruisteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo de Dios"

San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo:

"Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer... Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos."


Podría seguir escribiendo sobre los derechos y el gran valor que tengo como mujer musulmana, pero a mi parecer estas leves pinceladas son suficientes para dejarles claro que no necesitamos que nos liberen, que somos libres desde antes de que ustedes escuchasen por primera vez la palabra LIBERTAD.

Mi meta en este mundo no es agradar a nadie en especial, todos mis actos son para Allah, mi Creador, sólo a Él me someto, en la obediencia a Él es que encuentra  felicidad y tranquilidad mi corazón y en Sus manos es que pongo mis asuntos y me encomiendo a ÉL.

Pongo de testigo a Allah, y a toda Su creación de que atestiguo que nadie merece ser adorado excepto Él, y que Muhammad es Su siervo y Mensajero.

Le pido a Allah que afirme mi corazón en el Islam, la religión verdadera.

Y ahora sí, veamos que tan bien tienen aprendida la lección de la aclamada "LIBERTAD" y déjenme profesar mi fe LIBREMENTE. Gracias.

jueves, 21 de febrero de 2013

Un paso más hacia Allah...

Era impensable para mí hasta hace un par de años (alhamdouliLLah), la idea de poder atravesar la puerta de la casa sin antes pasar por "chapa y pintura"...corrector, quita ojeras, pre-base, base, iluminador, polvos compactos, khool, eye-liner, máscara de pestañas, brillo de labios, etc. No me suponía ningún problema sacrificar casi dos horas de sueño para madrugar y comenzar a disfrazarme, exacto, disfrazarme; pues debajo de tanto maquillaje y tanto polvo, detrás de una chica siempre con un look impecable, se escondía una chica triste, una chica que a menudo acababa dormida después de largas horas llorando, por razones que solo mi almohada conocía.

El quita ojeras y el corrector se convirtieron en mis aliados para camuflar la hinchazón de unos ojos tristes, el khool difuminaba la tristeza de mi mirada, pero ¿con qué iba a tapar los moratones que escondía mi corazón?... Por primera vez, no encontré la solución en mi neceser. 

Ese hambre de apoyo, esa necesidad de ser feliz, me llevó a toparme con el Islam.
Nací y me críe en el seno de una familia musulmana (Alhamdoulillah), pero lo único que sabía del Islam era que mi padre y mi abuela peregrinaban a Meca casi todos los años, que en el mes de Ramadan se ayunaba, y que una vez por año sacrificábamos un cordero. Algún que otro hiyab rondaba por la familia, pero para mi eran mujeres atrasadas (AstaghfiruLLah).

Comencé a buscar a Allah, no estaba segura de su existencia. A veces faltaba a clase para ir a pensar horas y horas a la orilla del mar, escuchar el Qur'an o alguna du'aa (de Sudais o Alafasy en Ramadan), mientras contemplaba la creación de Allah, era algo INCREÍBLE todo lo que veía ante mis ojos, no me explicaba como dejé pasar por alto tantas señales durante tanto tiempo. A través del maravilloso e incesante compás que llevan las olas, el vuelo de los pájaros, el color del cielo, el atardecer, el amanecer...fue que encontré a ALlah. Fue mediante los signos de Su creación, que lo reconocí como ÚNICO CREADOR, mediante Su maravillosa creación, percibí la GRANDEZA DE MI CREADOR, ALLAH (Azza ua Jal).

Comencé a rezar, comencé a tener temor de Allah, mis hábitos cambiaban poco a poco, y mis ganas de impresionar al mundo acabaron siendo nulas. Necesitaba agradar a Allah, a pesar de que esto disgustase a más de un@.
Comencé a compartir el vestuario de mi padre, vistiendo sus jerseys y sus sudaderas de chandal, ya que hacían perder las curvas de mi cuerpo.

Jamás pensé que acabaría vistiendo el hiyab antes de los 35-40, ni que a los 18 vestiría Jilbab, muchísimo menos que algún día mi corazón escondería un deseo, llevar niqab.

Tomé la decisión de vestir EL HIYAB, alhamduliLlah. Me sentí realmente feliz. Pero no era el hiyab que yo buscaba, así fue que un mes después di otro paso, hacia EL KHEEMAR (a mi familia no les parecía bien), mucho menos iban a estar de acuerdo con mi siguiente paso, EL JILBAB; a pesar de llamarme al principio "cortina", "matriuska", e insinuar que pertenezco a una secta, acabaron aceptándolo y respetando mi decisión.

Pero...ahora llevo casi un año con una espinita en el corazón, este ya más que un paso es un sueño, lo veo muy lejos, lo veo inalcanzable...EL NIQAB.
Jamás pensé que vería libertad en EL NIQAB, pero sí, la veo. Siento un sentimiento que no soy capaz de explicar cuando veo a una hermana muntaqibah (que Allah las recompense).

Las pruebas de ambas opiniones sobre el Niqab (que sea WAJIIB, obligatorio; o MUSTAHHAB, altamente recomendable) llevan desde Ramadan rondándome la cabeza. Así como miedo a la reacción de mi padre, miedo a la sociedad, miedo al "qué dirán", miedo al trato de la gente. Realmente lo que más me frena son mis padres.

Le pido a Allah (Exaltado y Enaltecido Sea) que me facilite vestir el niqab, si a ÉL lo complace.
Le pido que me otorgue Su amor, el amor de aquellos que Lo aman y el amor a toda acción que Lo complazca a Él...

lunes, 16 de abril de 2012

"Un viaje desde el bikini al niqâb"

Mi viaje desde el bikini al niqâb

El nuevo símbolo de la libertad de la mujer

Por: Sara Bokker (Una ex-actriz/modelo y activista)

Soy una mujer norteamericana que nació en uno de los Estados campesinos del bello Oeste americano de una familia de clase media.

Y como cualquier otra chica, soñaba con la vida excitante de una de las gigantes ciudades de Norteamérica. Un sueño que no empecé a realizar hasta culminar los diecinueve años.

Cuán feliz he sido al tener éxito en la realización de mi sueño trasladándome a vivir a Florida, y de ahí a la “meca” de los famosos y magnates, en el distrito de “South Beach”, en Miami.

Y como cualquier otra chica ambiciosa, presté una atención completa a mi apariencia porque estaba convencida de que fuera de mi belleza física yo no tenía ningún otro valor.

Mantuve un sistema riguroso de prácticas atléticas y de ejercitación con el objeto de mantener una buena forma física a fin de potenciar mi atractivo, consiguiendo un certificado especializado que me permitía dar prácticas a otras chicas interesadas a su vez en adquirir mayor esbeltez y mejor forma física.

Me trasladé a un apartamento lujoso que asoma sobre una atractiva vista del océano. Acudía frecuentemente a las playas para disfrutar de las miradas de admiración y de las palabras de elogio que tanto me encantaba escuchar.

Por último conseguí vivir ese sueño que había identificado siempre con el de una vida lujosa.

Pasaron años para comprobar por fin que cuanto más avance obtenía en el ámbito de la belleza y la atracción, cuanto más disminuían los sentimientos de autoestima y de felicidad. Descubrí con el paso de algunos años que me había convertido en prisionera de la moda y en rehén de mi propia apariencia.

Cuando la fosa entre mi felicidad y mi vida fulgurosa comenzó a ensancharse, empecé a escaparme de la realidad mediante el consumo de bebidas alcohólicas y la asistencia a fiestas, en ocasiones; mediante la meditación y el intento de descubrir las otras religiones y creencias, en otras; así como ayudando a otros o defendiendo a los débiles, otras veces. Sin embargo no tardó en incrementarse esta fosa hasta convertirse en un río de una profundidad abismal. Después de mucha meditación, nació en mí el pleno convencimiento de que mis placeres no eran sino un refugio para el dolor en lugar de ser fuente de curación.

Después de los acontecimientos del 11 de septiembre y las reacciones que lo precedieron, me llamó la atención ese ataque abierto contra todo lo islámico y el anuncio conocido de reanudar “una nueva cruzada”. Por primera vez en toda mi vida me había llamado la atención algo que se llama Islam.

Hasta ese momento todo lo que conocía sobre el Islam se limitaba a la utilización por parte de las mujeres de un velo con el que se cubren parecido a una tienda de campaña; al machismo y la opresión de las mujeres por parte de los hombres; a la cantidad de “harenes” y a un mundo lleno de atraso y terrorismo.

Como mujer entusiasmada por defender los derechos de la mujer y activista idealista que aboga por la justicia social, y después de mucho esfuerzo que duró varios meses, por pura coincidencia me encontré con un activista norteamericano líder en el encabezamiento de campañas en pro de la reforma y la realización de una justicia social para todas las clases y en su enfrentamiento a las cruzadas de odio racial y a las oleadas de islamofobia. Me incorporé al trabajo de algunas campañas protagonizadas por este activista que, en aquel entonces, englobaban el tema de las elecciones, los derechos civiles y otras cuestiones relacionadas con la justicia social.

Actuando como activista, mi vida se transformó radicalmente, y en lugar de defender los derechos de una cierta clase o grupo de gente determinada, aprendí que los conceptos de justicia, libertad y respecto son conceptos que no se limitan a una cierta clase o grupo de gente concreta o a una criatura particular. Comprendí que el interés del individuo es una parte complementaria al del interés del grupo.

Por vez primera había aprendido lo que significa: “Todos los seres humanos han nacido iguales”. Lo más importante es que estaba convencida de que la fe es la única manera de descubrir la unidad del universo y la igualdad de las criaturas.

Un día me encontré un libro del que la mayoría de los norteamericanos poseen una idea negativa. Dicho libro es Al-Qor`ân.

Al principio, y al emprender la lectura de este libro, me llamó la atención la claridad de su estilo, notablemente diáfano, luego me detuve ante su extraordinaria elocuencia explicando la realidad de la creación y la existencia y finalmente me sedujo la explicación detallada de la relación entre el Creador y la creación. Encontré en Al-Qor`ân un diálogo directo dirigido al corazón y al alma sin necesidad de ningún intermediario ni sacerdote. Esto me hizo despertar a la verdadera realidad.

Los sentimientos de felicidad y de profunda satisfacción que sentía a través del trabajo y del papel que desempeñé con este activista no eran sino el resultado de mi aplicación práctica del mensaje del Islam, y por la experiencia de mi vida, pues en la práctica estaba obrando como musulmana, aun cuando ni siquiera se me había pasado por la mente hasta ese momento abrazar el Islam.

Mi curiosidad me incitó a adquirir una ropa bella y larga y un velo para cubrirme el pelo semejante a la vestimenta de las mujeres musulmanes que vi en las revistas. Me encaminé por los mismos distritos por donde me había movido un día antes vistiendo bikini u otra elegante vestimenta corta y transparente.

A pesar de que los viandantes, las caras, los escaparates y los pavimentos aparecían ante mí como de costumbre, algo había cambiado de una manera total, y ese algo era yo.

Por primera vez en mi vida percibí lo que era ser respetada como mujer. Sentí que mis grilletes como esclava de la seducción se habían roto. Sentí una alegría inmensa al comprobar la mirada de confusión y extrañeza en los rostros de la gente en lugar de las miradas de cazadores en busca de presa. De repente me di cuenta que el peso de las montañas había abandonado mi espalda. Ya no estaba obligada a invertir largas horas en la compra, maquillándome, alisándome el pelo y haciendo ejercicios de esbeltez para mantener la buena apariencia. Por fin, y después de mucha angustia, había conquistado mi libertad.

De entre todos los países del mundo, encontré mi Islam dentro del distrito que se describe generalmente como “el sitio más lleno de libertinaje e indecencia de toda la tierra”, lo que envolvió mi sentimiento hacia mi nueva creencia de una mayor gloria y sublimidad.

A pesar de que me sentía contenta llevando la vestimenta islámica “Hiÿâb”*, sentí preferencia por “An·Niqâb”* al vérselo puesto a algunas mujeres musulmanes.

(* “Al-Hiÿâb” consiste en ponerse una vestimenta que cubre todo el cuerpo excepto la cara y las manos.
* “An·Niqâb” consiste en ponerse una vestimenta que cubre todo el cuerpo incluso la cara y las manos y dejando una abertura para los ojos.)

Una vez pregunté a mi marido, que era musulmán y con quien me había casado unos meses después de anunciar mi conversión al Islam, si tenía que llevar An·Niqâb o si me bastaba con Al-Hiÿâb. Me contestó que los ulemas musulmanes coinciden con unanimidad sobre la obligatoriedad de ponerse Al-Hiÿâb, al tiempo que no existe dicha unanimidad respecto a la obligación de ponerse An·Niqâb.

Al-Hiÿâb que yo me ponía por aquél entonces consistía en una larga vestimenta que cubría todo mi cuerpo desde el cuello hasta los pies y un velo que cubría toda mi cabeza excepto mi rostro.
Después de transcurrir un año y medio puse al tanto a mi marido de mi deseo de ponerme An·Niqâb.

El motivo por el cual decidí llevar An·Niqâb era por una voluntad de mayor acercamiento a Al∙lâh y para aumentar mi sentimiento de tranquilidad y sosiego poniéndome una vestimenta más púdica. He recibido de mi marido todo el apoyo, pues me acompañó a comprar un Isdâl, una ropa que cubre desde la cabeza hasta los pies y un Niqâb que cubre todo el pelo y la cabeza excepto la abertura de los ojos.

No tardaron en sucederse las noticias sobre las declaraciones de políticos, hombres del vaticano, liberales y los denominados defensores por los derechos humanos y las libertades. Todos coincidieron en condenar Al-Hiÿâb en ocasiones y An·Niqâb en otras, pretendiendo que ambos obstaculizan la comunicación social hasta tal punto que uno de los responsables egipcios ha descrito Al-Hiÿâb como “un paso hacia atrás”

En medio de este ataque despiadado contra las expresiones de castidad de la mujer musulmana, encuentro ciertamente que esta campaña no es sino una descarada expresión de hipocresía. Sobre todo en un tiempo en el que rivalizan los gobiernos occidentes y los supuestos defensores de los derechos humanos en defender los derechos de la mujer y su libertad en el seno de unos sistemas que promueven ciertas expresiones específicas para la castidad mientras que al mismo tiempo estos mismos “luchadores por la libertad” no prestan ninguna atención cuando se la priva a la mujer de sus derechos en el trabajo, en la enseñanza y de otros derechos, no por otra cosa sino por insistir en mantener su derecho a elegir ponerse Al-Hiÿâb o An·Niqâb.

Resulta chocante que las mujeres que llevan Al-Hiÿâb o An·Niqâb se enfrenten cada vez más a la privación de su derecho a trabajar y a estudiar no solamente bajo sistemas como Túnez, Marrueco y Egipto sino también bajo otros muchos regímenes de las denominadas democracias occidentales como Francia, Holanda y Gran Bretaña.

Hoy sigo trabajando como activista por los derechos de la mujer, pero una activista musulmana que llama a todas las mujeres de los musulmanes para cumplir con sus obligaciones de facilitar todo apoyo a sus maridos y asistirles en la práctica correcta de la religión, perfeccionar la educación de sus hijos como musulmanes practicantes con el objetivo de volver a ser de nuevo los rayos de luz y guía y los faros de bien para toda la humanidad. Para que defiendan la verdad cualquiera que sea y rechacen la falsedad, cualquiera que fuese. Para que digan la verdad de modo que se eleve su voz sobre cualquier pecado. Para que mantengan con firmeza su derecho a ponerse Al-Hiÿâb o An·Niqâb y acercarse a su Creador con cualquier acto de obediencia que quieran.

Y es además igual de importante comunicar su experiencia personal de cómo han conseguido el sosiego poniéndose Al-Hiÿâb a aquéllas hermanas que se han privado del gozo de este acto de obediencia, o que no perciben qué significa Al-Hiÿâb o An·Niqâb para la mujer que elige ponérselo así como el motivo de nuestro gran amor y fuerte aferramiento por este acto de obediencia.

La mayoría de las mujeres que llevan An·Niqâb son de occidente. Algunas hermanas no están casadas, y otras no reciben un apoyo total de su familia ni de su entorno. Sin embargo lo que nos une es que la decisión de llevar An·Niqâb ha sido por voluntad absoluta de cada una de nosotras, y que cada una de nosotras rechaza completamente la negación de nuestro derecho a llevarlo.

Queramos o no, las mujeres del mundo actual viven en medio de poderosos medios de comunicación que hacen propaganda para una vestimenta que destapa más de lo que cubre. Esto ocurre con todos los medios de comunicación y en todos los lugares del mundo.

Y como mujer, que no era musulmana anteriormente, insisto en el derecho de todas las mujeres de la tierra a conocer Al-Hiÿâb y a conocer sus virtudes, del mismo modo que no son consultadas cuando se promociona la permisividad.

Todas las mujeres de la tierra tienen el derecho a conocer cuánta felicidad y sosiego otorga el acto de ponerse Al-Hiÿâb a la mujer, tal como ha sucedido conmigo.

Ayer mismo, el bikini era el símbolo de mi liberación cuando en realidad no ha sido así, siendo por el contrario el símbolo del libertinaje, ya que me había “liberado” de mi pudor, mi castidad, mi espiritualidades y del valor de ser una sencilla persona digna de respeto.
Y hoy mi Hiÿâb es el título de mi libertad. Ojala que pueda reparar en este universo lo que haya corrompido antes de forma involuntaria por mi parte.

Nunca experimenté tanta alegría como la que sentí por abandonar el bikini y el falso brillo de una vida de “libertinaje” en South Beach para disfrutar de una vida llena de seguridad y respeto, cercana de mi Creador y afortunada por la merced de ser Su sierva como el resto de Su creación.

Por el mismo motivo llevo hoy An·Niqâb y doy mi promesa a mi Creador que moriré por mi derecho a adorarle de la manera con que pueda conseguir Su complacencia.

An·Niqâb es la encarnación misma de la libertad de la mujer para saber quién es, cuál es su objetivo, y qué nivel de relación quiere con Su Creador.

Dirijo mis palabras a las mujeres que se rinden ante las campañas difamatorias contra Al-Hiÿâb y sus virtudes, y les digo: “No tenéis idea de lo que os falta”.

Y a vosotros, los corrompedores, enemigos de la civilización, los llamados nuevos cruzados, no tengo otra cosa para deciros sino: “declarad, pues, la guerra”.

Sara Bokker es una ex-actriz/modelo y activista.
Actualmente, Sara es la directora de los medios de comunicación en “La marcha en pro de la justicia” y una co-fundadora de la red global de las hermanas.

Fuente: http://www.arabespanol.org/islam/mujer/viaje.htm